¿Qué ocurrirá finalmente con el camello de La Manga?

El fuerte viento de los últimos días en la Región ha terminado por tumbar uno de los símbolos más reconocibles de la entrada a La Manga, tal y como se puede ver en la fotografía de este artículo (cedida por el Diario de La Manga). El popular camello, situado junto a la zona de Sarabellán, aparecía volcado tras el paso de la borrasca y la imagen no tardaba en hacerse viral en redes sociales. Vecinos y curiosos se han acercado durante la jornada para fotografiar por última vez una figura que durante décadas ha servido de punto de encuentro, reclamo turístico y fondo para innumerables instantáneas.

Según explicaba el fotógrafo José Espinosa, conocedor de la situación y en contacto con propietarios y administración, el deseo inicial era intentar conservar la pieza. Sin embargo, tras revisar su estado, los daños en la estructura metálica impiden su restauración.

Pese a ello, se abre una puerta a mantener vivo el recuerdo. La familia propietaria se ha mostrado receptiva a que el icono continúe de alguna forma y, junto al  Ayuntamiento de Cartagena, se valora ahora levantar una réplica que pueda instalarse en la nueva rotonda de acceso, un espacio que actualmente está vacío.

Para muchos residentes, la caída del camello supone mucho más que la pérdida de una escultura. Es el final de una época ligada a las noches de finales de los 80 y los 90, a la cercana discoteca El Palmero y a la transformación de la zona con el paso de los años.

También era un lugar habitual para visitantes de fuera de la Región. Parejas que acudían a casarse en La Manga o turistas que buscaban una imagen singular encontraban allí un escenario que, en palabras de los profesionales de la fotografía, trasladaba por un momento a paisajes lejanos.

Entre quienes se han acercado a despedirse predominaba la tristeza. Muchos reconocen que prefieren que la retiren pronto antes que verla dañada, aunque confían en que el futuro traiga una nueva figura que permita a las próximas generaciones mantener el vínculo con este emblema.

El camello cae, pero la memoria colectiva que ha acompañado durante décadas a vecinos y visitantes sigue más viva que nunca.